INDUSTRIA MUSICAL CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO, ¿ES POSIBLE?

Por .:Gerardo Barrientos Pérez

Pese a la multiplicidad de nuevas variantes que se han derivado del virus del Covid, el progresivo levantamiento del confinamiento y la apertura a los shows y eventos al aire libre, avanza: a paso lento en algunos países pero de manera firme y sin retrocesos. La virulencia con que nos ha pegado la pandemia, una “vulgar demostración de poder” de la potencia con que la Naturaleza nos puede regresar los golpes por decenios de contaminación, deforestación y envenenamiento antropogénico (a causa de la actividad humana) nos tiene aún colgando de la lona. Ha sido una lección dura de aprender, y nos ha hecho mirar con mayor seriedad otra de las consecuencias nefastas de nuestra influencia en el planeta: el Cambio Climático.

Si antes nos parecía ridículo o “snob” que bandas como Radiohead sólo se movilizaran en trenes eléctricos para completar las fechas de sus giras y así no generar huella de carbono, o que Coldplay haya declarado una pausa en las giras hasta que se encuentre una manera de hacerlo de una manera que sea “beneficiosa para el medio ambiente”, ahora parece una obviedad exigir ese tipo de medidas tanto en el transporte como en la sustentabilidad de los shows en vivo.

Resulta desalentadoramente extraño el silencio de muchas bandas de rock o metal respecto a su nulo pronunciamiento frente algo tan importante – para muchos, como yo, el problema más importante que ha enfrentado la humanidad desde su nacimiento – como el Cambio Climático, más allá del contenido de sus letras o del concepto de sus álbumes. Claro, una cosa es el discurso lírico o la convicción con que toques tus canciones frente al público, y otra cosa es movilizarte realmente por generar un cambio. Es cuestión de coherencia: cantas contra la contaminación pero te movilizas en aviones que contaminan en un día lo que tú contaminas en un año y tocas en un festival que además de los residuos que genera, su huella de carbono es altísima.

La excepción a esta regla sin duda es GOJIRA: los franceses además de dedicar sus esfuerzos líricos a remecer a los oyentes con textos sobre el cambio climático, la deforestación y el respeto irrestricto a la Biodiversidad, participan activamente en fundaciones ambientalistas como Sea Sheperd Conservation Society. Brian Eno lanzó “EarthPercent”, una campaña que tiene como objetivo ayudar a combatir el cambio climático mediante la recaudación de 70 millones de euros de la industria de la música para 2030.

Insisto en ese punto: se extrañan iniciativas colectivas desde el mundo del rock y del metal, así como las que vimos en 1971 con el Concierto por Bangladesh – organizada por George Harrison y Ravi Shankar y que contó con músicos de la talla de Bob Dylan y Eric Clapton -, el festival “Live Aid” de 1985 organizado en ayuda de país de África oriental, el “Live 8” de 2005 contra la pobreza en el mundo a propósito de la reunión del G8 (Los 8 países más poderoso del mundo) o el festival contra el calentamiento global “Live Earth” del año 2007 que si bien fue fallido, fue una demostración de que la unidad en el siglo XXI aún es posible.

Quizás la iniciativa más fuerte hasta ahora por parte de la industria de la música es “Music Declares Emergency”, apoyada por músicos como Radiohead y Foals. Según su página web oficial tienen agencias en Canadá, Reino Unido, Francia, Suiza y Chile. Persiguen que músicos y miembros de la industria se declaren “en alerta climática” y tomen medidas al respecto. Si quieres leer la (única) página en español – y declararte en alerta por emergencia climática – sólo tienes que seguir este enlace.

“Los problemas del cambio climático se están desarrollando en tiempo real”, dice Will Hutton, director de sostenibilidad de “Beggars Group”, sociedad que alberga etiquetas indie tan importantes para la música como 4AD, Matador y XL y Rough Trade Records. En su página web presentan una declaración de sustentabilidad, donde afirman que “nuestro objetivo es reducir nuestra huella de carbono a menos de cero, para tener el efecto neto de eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera en lugar de aumentarlo. Contaremos todas nuestras emisiones de carbono, incluso dentro de nuestra cadena de suministro y en todas nuestras etiquetas. Nuestro compromiso se logrará por etapas, con las operaciones administradas en el Reino Unido que se volverán negativas en carbono para fines de 2022 y las operaciones administradas en EE. UU para 2024”.

Desde otro punto de vista y quizás más efectivo que lo anterior, sería ver un consenso entre los organizadores de los grandes festivales europeos y norteamericanos en elaborar y aplicar una política de “emisiones zero” en sus shows: no sólo control y procesamiento de basura, sino el uso de tecnologías limpias y fuentes de energía renovable para la generación de la electricidad necesaria para sus shows, garantías de no afectación a la flora y fauna en los festivales al aire libre, una gestión amigable de los desechos para el caso de los festivales que incluyan camping, uso de luces y control de ruido respecto de los animales en estos grandes espectáculos, donación de parte de las ganancias hacia ONG’s dedicadas a la lucha contra el cambio climático y protección del medio ambiente, incentivos para privilegiar el uso de locomoción pública de zero emisiones como trenes o vehículos eléctricos en lugar de movilizarse en aquellos con motores de energía fósil, etc.

Las recomendaciones anteriores no son una “paranoia verde” como podría fácilmente pensarse: Un estudio académico, publicado en la revista Environmental Research Letters, estima que la música en vivo en el Reino Unido genera más de 400.000 toneladas de gases de efecto invernadero al año, el equivalente a 88.000 coches en la carretera.

Las cifras y datos que respaldan la gravedad de los efectos del cambio climático saltan a la vista y se perciben todos los días y en cada rincón del planeta: aumento significativo de la cantidad e intensidad de los incendios forestales, así como de temporales y “caídas de ríos de lluvia” desde el cielo con carácter de monzones y huracanes de brevísima duración pero de impactantes consecuencias; derretimiento de glaciares, pérdida de biodiversidad, aumento de fenómenos de marea roja, expansión acelerada y letal de zonas afectas a sequías y prolongación irregular de las mismas, entre otros efectos. No estamos hablando de consecuencias “programadas al año 2050”. Estamos hablando de consecuencias que vivimos AHORA, no son pronósticos a futuro.

Lewis Jamieson de Music Declares Emergency afirmó en una entrevista al medio Independent que: “Ya sea la guerra de Vietnam o Rock Against Racism o Live Aid, o incluso cosas que no parecían políticas en ese momento, como Acid House, la música crea cambios culturales masivos (…) Alguien que estuvo involucrado en el movimiento Tíbet Libre una vez me dijo: ‘La música no cambia el mundo, pero reúne a personas bajo un mismo techo que luego descubren cómo cambiar el mundo”. Ojo: no estoy diciendo que los shows en vivo o la producción física de soportes de audio debe llegar a su fin, sino que debe sumarse a la ecuación de una gira, un festival o el tiraje de un cd o vinilo, esta “conciencia verde” y el factor ambiental y climático que permita contribuir a la reducción del calentamiento global, la protección del medio ambiente y además, de dotar legitimidad a la industria.

Es de esperarse que los metalheads a cargo de la organización de los eventos antes dichos sean conscientes de la necesidad imperiosa y urgente de tomar acciones frente al Cambio Climático y no seguir haciendo “las mismas cosas de antes” como si de una simple lluvia se tratase. Además de las medidas de higiene – que nos acompañarán por siempre de aquí en adelante – será un siguiente “checkpoint” al momento de organizar y llevar a cabo eventos como éstos. Tengo fe en que las bandas de rock y metal – siempre orgullosas además, de tratar temas serios e importantes al contrario de los “artistas” de pop y estilos más radiales – al salir de la modorra generada por el confinamiento, puedan unirse y generar un bloque capaz de alertar a aquellos oyentes que aún, pese a ver como se altera drásticamente todo a su alrededor, aún ignoran los toques de gong cada vez más rápidos del “conteo final hacia nuestra extinción”.