IMPERIAL TRIUMPHANT – Alphaville (ALBUM REVIEW)

Por .:G_Radaghast B.P.

“Tiempos caóticos generan discos de Avantgarde”, parece ser la consigna en lo que va de este pandémico año. Al menos para esta revista, donde hemos podido disfrutar y revisar discos que abarcan desde el Avant Death Metal experimental de Thecodontion (review acá), el Avant/sludge sicodélico de Orgöne (que puedes leer aquí), el Avant/prog de Hail Spirit Noir (ídem), la bizarra fusión de Lucynine (review publicado ayer), reflejan que han sido días fecundos para este género que se ríe a carcajadas de los límites que muchos pretenden imponer sobre la música, mezclando sin pudor desde el jazz, por ejemplo, pasando por todos los subgéneros del metal, hasta el grindcore, aportando siempre la necesaria cuota de lucidez y anarquía artística.

Aquí tenemos a otros engendros cultores del Avantgarde, esta vez desplegándolo desde las arenas del djent (o math metal, como quieras llamarle) y de los géneros más extremos del metal, como lo son el black metal, death metal y grindcore. ¿Avant/Djent metal? Suena bien. Estilos que son ejecutados con maestría y una buena dosis de sicodelia, esquizofrenia – artística y mental – y un saludable respeto por el noise, sumando incluso secciones jazzeras, pasajes ambientales oscuros e instrumentos atípicos.

Verán: Imperial Triumphant es un trío norteamericano fundada el año 2005 por Zachary Ilya Ezrin, en guitarra/voz, quien con el pasar de los años sumó al baterista Kenny Grohowski y luego al bajista Steven Blanco (Quien también se hace cargo de los teclados y coros). Han lanzado cuatro álbumes (considerando éste): Abominamentvm (2012), Abyssal Gods (2015) Vile Luxury (2018) y éste, Alphaville liberado justo hoy. También han lanzado tres EP’s y un álbum compilatorio. En todos éstos se han destacado por la bizarra mezcla de estilos, teniendo como denominador común el black metal moderno, al menos según lo que señalan los críticos. (No he tenido la oportunidad de escucharlos hasta ahora).

Sin embargo, para mí éste no es el caso; para que se hagan una idea: ¿Se imaginan a Meshuggah haciendo metal sicodélico con una voz death carrasposa y quiebres black/grindcore con algunos teclados de fondo? Que me perdone la banda si peco de reduccionista, pero ésta sería una descripción breve del sonido de la banda. Guardan similitud con lo más extremo y visceral del primer disco de Fantömas, los más extremo y bizarro de Fleurety y a los italianos Thecodontion, a quienes les hicimos un dossier hace un par de meses atrás. Suenan ecos en ellos de Criptopsy, Nile, Soilent Green y John Zorn.

En esta ocasión nos presentan “Alphaville”, lanzado hoy 31 de julio a través de Century Media Records, respecto del cual la banda nos comenta: “ALPHAVILLE es un álbum diseñado para ser desplegado lenta y sensitivamente por el oyente. Es un desafío muy denso y desafiante en el que ubicamos al oyente. Sin embargo, cada pista, transición, cada palabra y nota ha sido analizada para garantizar la experiencia más gratificante. El viaje auditivo está listo para ti, solo presiona play”. Música así de atrapante logró conseguir que el artista e ilustrador Zbigniew M. Bielak contribuya con una hermosa creación ad hoc a esta obra.

“Rotted Futures” da el vamos con una pieza increíblemente oscura, al principio con una intro de un saxo cuyo sonido se distorsiona al mezclarse azarosamente con teclados y platillos que dan paso a una estrofa cargada de melodías agudas y sicodélicas en guitarras, que irrumpen al compás de ritmos djent. La batería es muy jazzera, hiperkinética y que no tiene tapujos en pasar desde quiebres grindcore a blast beats propios del black metal. El bajo es su perfecto cómplice en estos tiempos, acompañándolo en sus quiebres pero también aportando a las disonancias de las guitarras. La voz es lo más parejo y mónotono de toda esta locura, pero que contribuye grandemente a mantener esta anarquía dentro de los márgenes del metal más brutal, recordando a la voz profunda y maligna de Karl Sanders (Nile).

“Excelsior” tiene un bizarro intro bass riff apuntalado por golpeteos esquizofrénicos y que son custodiados por melodías exquisitamente disonantes en guitarra. La canción tiene de todo: secciones black que pasan al grindcore sin menor esfuerzo, episodios de industrial ambient, riffs djent con esa batería a mil por hora y con el aporte de teclados de fondo insanos y coros de sepulcro. Tremendísimo tema sin duda.

“City Swine” parte de manera más lenta y arrastrada, con esas melodías disonantes en guitarra y arpegios en bajo, mientras se recitan los textos como si se tratasen de mantras para alzar demonios. El doble bombo no da piedad hasta bien entrada la canción, añadiéndose percusiones tribales que acompañan hasta llegar al climax de intensidad y brutalidad y que en la mitad de la canción hacen un pequeño solo, desplazado nuevamente por la brutalidad característica de este grupo. Se dan el lujo además de incluir un teclado que contribuye en aumentar el nivel de sicodelia de la canción.

“Atomic Age” presenta un sampleo de una dulce canción folk que se reemplaza por una estrofa djent, con esas guitarras sacando acordes disonantes mientras la batería no para de hacer quiebres. Posee un rasgo más contemplativo y tenso, demostrando un hábil uso de pausas y descensos de intensidad; no nos engañemos, en la mitad la maquinaria se detiene para entregarnos una voz femenina en clave étnica, una percusión de lata y bum! Explosión de instrumentos al unísono y gritos por doquier! De pronto todo cambia hacia una sección de post/black metal con ruidos de fondo de origen desconocido que se van tan rápido como llegaron para volver a machacarnos con su djent/grind brutal. Hacia los dos minutos finales volvemos a percibir la dinámica lenta y esquizofrénica del principio, con Zachary invocando a Cthulu y Kenny en trance con múltiples acentos y golpes de platillos. EL final con marcha marcial es de otro planeta.

“Transmission to Mercury” al contrario de todo lo anterior empieza con una pieza jazz en piano y saxofón; la quietud no dura demasiado pues prontamente los muchachos nos despiertan con una sección black cimentada sobre una melodía peculiar en bajo que se disfruta bastante. Nuevamente emerge el saxofón y los teclados de fondo que, sobre una batería en blast beast embaladísima, te sumerge en un viaje onírico e insano! Finalmente los golpes de batería acompañando las disonancias del saxofón y los gritos de fondo nos precipitan contra el suelo.

Alphaville” nos sacude con ruidos extraños sacados de las guitarras, como si fueran una alarma de incendios. Nuevamente Imperial nos machaca con su aceitado cruce de djent con black metal y grindcore, en su tema quizás más intenso pero no por ello menos insano y sicodélico. El intermedio con teclado de fondo y el grito unísono de “Alphaville!” aporta a la variación y quiebre. Los blast beats, percusiones extrañas sobre metales, gritos de posesión demoníaca y teclados de fondo nos martillan sin cesar y aumentan la natural misantropía.

“The Greater God” tiene un inicio más death metal, cuyas guitarras oscuras cobran luces gracias a melodías más agudas y disonantes, acompañados de teclados apocalípticos de fondo. La segunda mitad presenta un riff claramente djent arrastrado y malignamente progresivo, que permite entrar en un coro de gritos agudos y vociferaciones caóticas, cerrando el track con unos teclado muy profundos y desoladores.

El álbum presenta dos covers: “Experiment” de Voivod, y “Happy Home” de The Residents, dos bandas pioneras en explorar el AvantGarde, la primera dentro de los márgenes del metal y la segunda desde el underground más profundo del art rock experimental norteamericano. Si bien “Experiment” se ejecuta conforme al esquema sónico de la banda, el cover de The Residents es lejos lo más bizarro, exploratorio y audaz del disco, haciendo honor y gala al alucinante estilo de esa banda, respetando en lo modular su estructura pero ejecutándolo de una manera más visceral.

Quizás para los metaleros más extremos este disco sea de fácil escucha, pues dentro de todo, mantiene un núcleo de gravedad centrado en el black, el djent y el death metal; para los demás, su cierta similitud con Fantömas los haga atractivos para todos los fans acérrimos de Mike Patton. De cualquier modo, es un disco disfrutable, repleto de buenas ideas y de arreglos que se descubren con las repasadas sucesivas. Este disco además es una buena señal de lucidez para la escena del metal en general, puesto que mientras las bandas “grandes” se duermen en sus laureles sacando álbumes insípidos que no son más que excusas para salir de gira y hacer dinero en base a glorias pasadas, este trío newyorkino se dio el trabajo de su vida sacando un disco transgresor, intenso y maligno a más no poder.

Calificación: 9 / 10

Género: Avant/Djent Metal
Fecha de Lanzamiento: 31 de julio de 2020
Sello: Century Media
.:G_Radaghast B.P.