ORGONE – Mos / Fet (ALBUM REVIEW)

Por .:G_Radaghast B.P.

Vaya vaya. Junio parece ser el mes de geniales descubrimientos. Si los meses pasados fueron las reapariciones de grupos consagrados como My Dying Bride, Katatonia y Paradise Lost, este mes – al menos para mí- ha sido el de descubrir bandas de interesantísima propuesta y gran calidad: Black Orchid Empire, Huanastone, Me & Munich, The Moon & The Nightspirit, Hail Spirit Noir y ahora es el caso de los muchachos (y señorita) de ORGÖNE.

En primer lugar, no se deben confundir con la banda de funk/soul ORGŌNE. La diferencia grafológica es mínima – solo la diéresis sobre el O ha sido reemplazada por un macron – sin embargo, ambos nombres de las bandas obviamente se refieren a una energía vital postulada por Wilhelm Reich a principios del siglo pasado y caracterizada por él como “cósmica primordial”. Ya con esta descripción intuirán qué música fluye de la banda. Pero antes, un poco de bio.

Orgöne nació en el año 2016 en la ciudad francesa de Rennes. Un año antes se conocieron Nick Le Cave (bajo) y Marlen Stahl (guitarra), ambos veteranos de numerosos grupos de Indie, Free Rock, y Avant-Garde. Junto con Mat La Rossa en la batería, decidieron crear Orgöne en el año antes dicho, con la llegada de la “salvaje” cantante francés-polaca Olga Rostropovitch. Así, comenzaron a experimentar y explorar muchos territorios, mezclando raíces rockeras setenteras, noise rock, krautrock y largas experimentaciones, que condujeron a un sonido mezclado con más y más texturas psicodélicas y rock espacial con toques progresivos.

Luego, en 2018, la partida de Mat La Rossa, quien no estuvo de acuerdo con la idea de pistas largas y épicas, llevó a un cambio radical pero natural: con la llegada de Allan Barbarian a la batería y Tom Angelo en teclados (ambos también músicos activos de la banda de stoner Djiin, que compartió escenario con Orgöne), la banda volvió casi a cero y pudo concentrarse en largas “Suites”, con movimientos, a la manera del prog-rock, permitiendo a la banda mezclar aún más su sonido con elementos tribales, hasta árabes y orientales.

De esta suerte, la banda exhibe su primera criatura al mundo: “Mos / Fet” es su primer álbum de estudio, totalmente autoproducido, consistiendo en un álbum doble compuesto por cuatro pistas de veinte minutos cada una, que ofrece una inmersión completa en su mundo sónico del cual no saldrás siendo el mismo. Así de simple. Líricamente este opus ya es grotescamente ambicioso: mitología Sci-Fi mezclada con la cultura pop de los años 70, historias del antiguo Egipto, panafricanismo, exploración espacial y paranormal en el contexto de Guerra Fría y URSS…Si así son las letras, imagínense la música.

Para principiar, vean los instrumentos utilizados: percusiones, órgano eléctrico, sintetizador, Pianet T, mandolina, clarinete, violonchelo y violín.

“Erstes Ritual” da el vamos con Olga recitando en polaco, interrumpida por los demás instrumentos marcando el paso con un riff muy Neurosis – esas guitarras gigantescas tocando a medio tiempo – que luego cambia a una sección folk como si de una danza gitana se tratase (me recordó a esas canciones kitsh/gitanas de Emir Kusturica). La canción muta a un puente de rock progresivo de ritmo urgente, donde el órgano setentero de Tom y la voz desquiciada de Olga hacen nuestra delicia. Todo esto recién en los primeros 4 minutos! Para no dar la lata, el track exhibe capítulos enfocados al stoner, al groove, secciones más íntimas y lentas, y así todas sus derivaciones son acompañadas adecuadamente por la versátil voz de Olga: a veces susurra en polaco o francés, en otras canta con fuerza y descarada malicia en inglés, ríe lujuriosamente cuando los instrumentos callan, grita como una cantante de ópera esquizofrénica, etc. Tal desparpajo recuerda en un tono muy similar al de PJ Harvey y Diamanda Galaz, mostrando tanto o más nivel de confianza que otras maestras en extremar sus cuerdas vocales como Björk. Sí, leyeron bien. Y es su primer álbum.

Dentro de cada canción encontrarán distintas capas de sonidos, detalles de ejecución , adornos y que no se construyen necesariamente sobre las teclas. El álbum está repleto de arreglos por lo que resulta contraproducente diseccionar cada uno de ellos, y no quiero arruinarles la magia de descubrirlos por Uds. mismos.

Si se aventuran en este álbum, notarán que “Mos / Fet” cuenta una historia alucinante en 4 capítulos: ‘First Ritual’, las piezas segunda a cuarta forman la “Suite Soviética” y las piezas quinta a séptima forman el conjunto “Anubis Rising”, finalizando el opus con “Astral Fancy”.

En no pocos discos de stoner he descubierto a los sellos promocionando el mal uso y abuso del término “sicodelia”, tomando como tal el sólo uso de teclados o una pedalera de efectos. Luego de varios meses de ver el desgaste del término, por fin podemos ver una banda que de verdad cultiva música que podemos llamar de esa forma. Y más encima entrecruzarla con “metal”, de verdad, con guitarras pesadas, un bajo tocado y ajustado en el paneo de manera precisa y un batero que toca como Bonzo. Si no me creen, chequeen la primera canción desde el minuto 12:30: sicodelia pura que se transforma en una sección metalera casi sludge, la que muta luego a una estrofa ganchera y que finaliza la canción con marchas militares.

La “Suite Soviética” inicia con “Réquiem for a Dead Kosmonaut”, la cual presenta un arpegio en mantra que acompaña buena parte de la canción; así, posee una estructura más convencional pero no por eso carente de excéntricas apariciones de teclados y arreglos en las cuerdas. Hay que destacar la singular habilidad de la sección rítmica de la banda: Allan y Nick son unos verdaderos virtuosos y son capaces de sostener esta escultura surrealista.

“Soviet Hot Dog (Le Tombau de Laika)” arranca con una intro bass riff y efectos espaciales que exudan sicodelia, amplificado por unos rasgeos de guitarras bien ácidos. Volvemos a escuchar esos riffs pesados que coquetean con el sludge, aunque la canción se mantiene en angustiosa serenidad mientras Olga nos narra el desgraciado destino de la perra Laika. Los minutos finales son un verdadero orgasmo de pesadez con todos los instrumentos siendo castigados, tortura armonizada por las teclas de Tom.

“East Song” es una bellísima canción de aparente serenidad – me recordó a Portishead de su disco homónimo – con efectos nocturnos y la voz sensual y arrastrada de Olga. En el coro el track muta a una sección rockera, donde Marlen se luce con un riff de guitarra muy sensual. Se cierra este capítulo con una desenfrenada fiesta sicodélica de notable calidad.

El capítulo “egipcio” de la obra inicia con “Agyptology”, que engaña en un principio con un esquema más convencional, aunque las guitarras siguen sonando sicodélicas y ácidas mientras Olga recita e invoca deidades espaciales por igual. En la mitad adquiere matices circenses y te induce en un extraño trance: el capítulo continúa de corrido con “Mothership Egypt” tomando el testigo del track anterior en un riff de apertura muy doom/stoner adornado por las voces altas y ceremoniales de nuestra vocalista. Es un tema pesado, lento y sensual, con una batería rica en platillos – se nota que le agregaron algún platillo o pieza adicional al hi hat – y que en la mitad de la canción hace su aparición un sintetizador muy setentero que, acompañado por un guitarra en wah-wah, sube la pendiente en intensidad. Los minutos finales son de contemplación, con un rasgeo en guitarra luminoso que recuerda un tanto a Soundgarden y la voz ahora cálida y coqueta de Olga.

“Rhyme of the Ancient Astronaut” es un tema muy zeppeliano, principalmente por el gran trabajo de Marlen en las guitarras, Nick en el bajo y Allan en la batería, revelando cierta inspiración en “Nobody’s fault but mine”, “Kashmir” y “No quarter”: notarán que en la parte final suena un mellotrón bellísimo que nos despediría con singular sutileza si no fuera por la irrupción de un arpegio en guitarra y un solo de teclado a todo galope.

“Astral Fancy” parte con un pulso electrónico muy drum‘n’bass, impresión reforzada por la batería y la voz de Olga. Rápidamente cambia a un vendaval guitarrero de la mejor escuela de The Mars Volta, mutando luego a una sección de ritmo medio y riff más stoner. Como no podía ser de otra forma, los últimos catorce minutos son un desvarío progresivo en el que la batería se luce con patrones jazzeros mientras lentamente los teclados y efectos nos hacen pasear por el espacio por última vez. Los minutos finales son realmente intensos con un duelo entre la guitarra, los crash y los teclados martillados con rabia, pelea que se repite en distintos escenarios musicales – todo dentro de la misma canción – y que terminan dándose con todo sobre la misma base drum’n’bass del principio!

Todas las canciones fueron compuestas y arregladas por Orgöne, en tanto el disco fue grabado en los Blue Anvil Sound, en sólo 3 dias (31 de mayo al 2 de junio) de 2019 por Justin Nicquevert. Lo mezcló Tom Penaguin y la masterización corrió a cargo de Nicolas Moreau y Pierre Le Gac en Le Garage Hermétique Studios. El título del disco significa “transistor de efecto de campo de semiconductor de óxido de metal”.

Creo que después de todo lo dicho no hay necesidad de palabras finales. Como leí en una revista alemana reflexionando sobre la música de la banda: “Ciertamente no es música para todos los días, pero no se visita una exposición de arte todos los días”. Es una pieza infaltable en la colección de cualquier amante de la música progresiva, avantgarde y revolucionaria. Si eres fan de The Mars Volta, Genesis (era Peter Gabriel), Fleurety o Solefald, añade esta banda a tu playlist. No te arrepentirás.

Género: Avantgarde/Psycho Metal
Fecha de lanzamiento: 12 de junio de 2020
Sello: Heavy Psych Sounds Records

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Calificación: 9.6 / 10

.:G_Radaghast B.P.