HAKEN – Virus (ALBUM REVIEW)

Por Alejandro Melgar

En el mundo de Haken las cosas siempre se mueven rápidamente y a pasos agigantados. El crecimiento del sexteto británico en los últimos años se vino dando de manera exponencial, siendo considerados una de las bandas más importantes e influyentes del Metal Progresivo Moderno. Desde su erupción en escena con el seminal ‘Aquarius’ (2010) los engranajes no pararon de girar y la banda aprovechó esa sinergia para editar un lanzamiento de calidad atrás de otro y probando todo tipo de sonidos e inquietudes musicales. Así un año después la cosa se pone más épica que nunca con ‘Visions’ (2011) y más adelante la madurez compositiva llega al pico de la montaña (pun intended) con ‘The Mountain’ (2013), un álbum inmenso y tremendamente rico en ambientes.

Para que vean el ritmo incesante por el que se mueve Haken, poco después deciden regrabar y reestructurar sus demos originales, que editan en forma de EP con ‘Restoration’ (2014), y unos años después llega la influencia ochentera con ‘Affinity’ (2016), álbum divisivo para unos cuantos, pero de innegable calidad artística, mostrando a una banda cada vez más sólida en su propuesta, sin temor a derribar fronteras y etiquetas. Finalmente le llegó el turno a su primer lanzamiento oficial en vivo que vino de la mano de ‘L-1VE’ (2018) y su spinoff ‘L+1VE’ (2018), mostrando que los ingleses son un relojito en vivo y su maquinaria nunca para. Ese mismo año, casi sin anestesia, y acercándonos ya a nuestros días, se lanza ‘Vector’ (2018), un disco que fue aún más divisivo que el anterior, mostrando a una banda que eligió centrarse esta vez en la pesadez por sobre la melodía, orientando sus composiciones para priorizar los riffs y la complejidad, en lo que se dice un álbum ‘guitar oriented’. Pocos sabíamos en ese momento que menos de dos años más tarde una continuación propiamente dicha vería la luz. Pocos, porque ellos mismos siempre lo tuvieron planeado.

Un año y medio después, y tras algunos lanzamientos más que interesantes de sus miembros por separado (que incluyen el recomendadísimo ‘The Cocoon’ (2019) de Richard Henshall y el debut de Novena, la otra banda de Ross Jennings, ‘The Eleventh Hour’ (2020), otro discazo), llega un potente ‘Virus’ a la humanidad. Y no nos referimos a la maldita pandemia que nos está azotando hace meses, sino al nuevo álbum de Haken (timing, right?). Y déjenme decirles que si los álbumes anteriores fueron divisivos entre los fans, ‘Virus’ lo será aún más, ya que en esencia estamos ante una continuación bastante directa de ‘Vector’, en un movimiento en el que claramente se nota que la banda tenía un concepto y una idea detrás al momento de construir ‘Vector’: desde las portadas, la estructuración de las canciones, el sentimiento metalero y virtuoso a flor de piel, e incluso el nombre, todo estaba pensado para que este par de álbumes funcione como uno solo.

Esto nos queda claro ya de arranque: ‘Prosthetic’, el primer single conocido, nos deja en claro que las revoluciones no han bajado ni un segundo y la banda entrega una de las canciones más pesadas de todo su catálogo, con la guitarra bien al frente. Podría decirse que estamos ante el ‘The Dark Eternal Night’ de Haken, un ejercicio que referencia al clásico de Dream Theater y que muestra qué tan pesada puede volverse su propuesta. Ross Jennings canta los versos por lo bajo en un tono vocal que nunca habíamos escuchado, hasta que el estribillo explota en su entonación más clásica y directa. Una canción que será poco recordada en la escala global de la discografía de Haken, que se torna entretenida y potente, pero no deja de ser algo que ya escuchamos antes de otra forma.

La cosa toma otro color con ‘Invasion’, una de las mejores canciones del disco en mi opinión. Funcionando como un crescendo que llega a su explosión en el estribillo, la canción es una catarata de riffs entrecortados a lo djent, ayudados por una batería incesante creando ritmos dispares que nos hacen imposible seguirlos. La interpretación de Jennings es sentida, emocionante y llena de énfasis, mostrando lo versátil que puede llegar a ser el vocalista con su particular tonalidad.

Carousel’ es definitivamente otro highlight del disco, y uno de los dos temas “épicos” que encontraremos aquí, con más de 10 minutos de duración. Infinidad de ritmos y variaciones que van evolucionando y van desde lo más pesado a lo más ambiental y atmosférico, es una canción que lleva definitivamente el ADN de Haken en cada momento, sorprendiéndonos con twists inesperados, breakdowns, cortes abruptos, ejercicios hipnóticos etéreos y una sección instrumental de esas que nos quitan el aliento. La que le sigue es ‘The Strain’, otra interesante canción que por momentos parece ser un refrito de ideas recicladas, pero que la salvan los sonidos electrónicos de un Diego Tejeida que parece divertirse mucho experimentando, así como también la dupla de guitarras Henshall/Griffiths que están constantemente sacándose chispas. El estribillo no es nada del otro mundo y los puentes son extraños y un poco cansadores. Otra de esas canciones que se vuelve agradable al escucharla, pero que en un tiempo no vamos a recordar demasiado.

Canary Yellow’ fue el segundo single conocido, y acá nos encontramos con la faceta más melancólica y emotiva de Haken. Cuando estos tipos hacen baladas realmente aflora el sentimiento y la preocupación por construir algo hermoso y atemporal. Una breve canción donde los ambientes son muy importantes y el bajo de Conner Green guía una melodía que nos hace esbozar una sonrisa. Cuando el estribillo vuelve sobre el final en modo explosión, se nos sale el corazón del pecho y celebramos el éxtasis sonoro al que nos hicieron llegar de manera muy satisfactoria.

El plato fuerte del álbum viene dado por la mastodóntica ‘Messiah Complex’, una épica gigante de 17 minutos que inexplicablemente está dividida en 5 partes, y por ende 5 tracks distintos. Muchos podrían argumentar que las sub-partes están bien definidas y diferenciadas y que la separación de pistas tiene sentido en ese contexto, pero personalmente no entiendo este tipo de decisiones. El público progresivo está acostumbrado a tener sus épicas en un sólo track, no nos vamos a asustar por eso y además nos da un contexto de magnificencia que de otra forma se pierde, pero bueno, después de todo el contenido es lo que importa y la estructuración no deja de ser un detalle.

La primer parte se titula ‘Ivory Tower’ y acá es notoria la influencia de Dream Theater más que nunca, con un riff marca Petrucci aflorando por los cuatro costados, desembocando en un comienzo calmo y enigmático por parte de un Ross Jennings sepulcral en un track que, como todo el disco, está fuertemente guiado por la guitarra. La cosa se pone caldeada con la segunda parte ‘A Glutton for Punishment’, una oda al Metal Progresivo al extremo, catarata de riffs y sonidos estroboscópicos de teclado, frenetismo que no descansa y momentos que retrotraen a las primeras épocas de ‘Aquarius’ y ‘Visions’: un completo showcase de virtuosismo y locura. Las revoluciones bajan por un ratito en ‘Marigold’, la tercera parte, ¿o era un engaño? A menos de un minuto ya vuelve la enfermedad y nos quedamos atónitos ante tanta cantidad de información y notas en tan poco tiempo. Esto desemboca en la cuarta parte ‘The Sect’, el homenaje obvio y directo a ‘Cockroach King’ que venían anticipando hace tiempo en los press releases. Riffs icónicos de la legendaria canción de ‘The Mountain’ aparecen en forma de sonidos de videojuegos mezclados con blast beats endemoniados que por momentos nos hacen recordar a bandas enfermas como los franceses de Pryapisme. Y nos quedan los últimos cinco minutos con la parte final ‘Ectobius Rex’, donde todo termina en otra rendición más djentizada del Rey Cucaracha. Se podría concluir que ver ‘Messiah Complex’ como un todo se considera una rendición extendida y más experimental de las ideas desarrolladas en aquella canción tan representativa de la banda. Sin dudas estos 17 minutos fueron una montaña rusa de emociones y una manera magistral de terminar el disco.

Aunque nos restan apenas 2 minutos, dedicados a esa especie de outro denominada ‘Only Stars’, una despedida etérea y ambiental que nos invita a abrir los ojos y despertar del transe por el que pasamos los últimos 50 minutos. Adecuada forma de terminar para un álbum que sin ser descollante ni revolucionario, nos muestra a un Haken decidido, enfocado y utilizando todo su pasado como influencia para seguir adelante. La pesadez de ‘Vector’, la melancolía de ‘The Mountain’ y la quirkyness y excentricidad de ‘Aquarius’ y ‘Visions’, todas las características están presentes en un trabajo que no será para nada legendario, pero que nos proporciona un momento grato de viajar y transportarnos a otro mundo lleno de magia, destreza y sentimiento. Una oda al Metal Progresivo Moderno en todo su esplendor. Ahora a esperar una siguiente entrega, en la cual desde ya predigo que se va a venir algo grandioso y sin precedentes: es hora.

Género: Progressive Metal
Lanzamiento: 19-06-2020
Sello: InsideOut Music

Calificación: 8.4 / 10

AJMA