FLYING COLORS – Third Degree (ALBUM REVIEW)

En los primeros años de su salida de Dream Theater, un inquieto Mike Portnoy recorrió un sinfín de estilos e influencias, pasando por varios grupos y consolidando formaciones que ayudaran a desatar su torrente creativo que parecía adormecido hacía años. Portnoy, superfan declarado de los Beatles y el Pop sesentero junto a su eterno compañero Neal Morse forman Flying Colors, por iniciativa del productor Bill Evans, como una forma de combinar música progresiva sofisticada con un songwriting más accesible y de corte mainstream. Con los talentos de dos titanes como Steve Morse, Dave LaRue y el relativamente desconocido Casey McPherson en vocales (recomendado por Mike Portnoy por su admiración a Alpha Rev, banda principal de Casey), el combo estaba completo para comenzar a hacer historia.

Con su primer álbum Flying Colors (2012), el quinteto liberó un debut increíble, innovador, creativamente muy inspirado y totalmente fiel a su propuesta: Prog Rock como influencia y no como vehículo conductor, con un approach mainstream que le quedó como anillo al dedo. Second Flight (2014) profundizó sobre este enfoque y estiró los límites de la composición permitiendo al grupo experimentar con otros sonidos y cementando una base de seguidores que crecía año a año. Tuvieron que pasar 5 años y múltiples proyectos para finalmente volver a unir a estas cinco mentes maestras y liberar huecos en sus apretadas agendas, pero aquí estamos, 2019 y un flamante tercer álbum apropiadamente titulado Third Degree, donde Flying Colors redobla la apuesta y entrega un producto de calidad que transciende fronteras, estilos y generaciones.

Y ya desde el primer minuto nos queda bien claro que esto no se trata de un proyecto secundario, sino de una banda bien consolidada y con ganas de llevarse todo por delante. The Loss Insideabre el álbum de la mejor forma: un hit rockero que en un mundo justo estaría sonando en todas las radios y treparía a la cima de los charts más calientes. Líneas de bajo en plan funk blusero dejan ver una canción que podría pertenecer al grupo más rocker del buen Mike: The Winery Dogs. De hecho Casey canta de una forma que lo acerca en tonalidad y actitud al gran Richie Kotzen. Ganchero, directo y con mucho derroche de buena onda, todo desemboca en un duelo de solos entre los Morse que participan del conflicto entre guitarras y teclados prendiéndose fuego. Gran comienzo que muestra a la banda en espectacular estado compositivo e interpretativo y augura lo mejor.

En plan más oscuro y experimental aparece el primer single liberado More, una canción que recuerda mucho a Muse en estructura y feeling general, pero con el sello indiscutido de Flying Colors que dota de armonías y musicalidad suprema cada molécula de su ADN. La banda se pone pesada, seria, concisa, verso y estribillo en comunión de lo macabro para presentar una canción que cuesta ser descrita y necesita ser presenciada. Cuando se promedia la mitad de la canción el grupo nos vuelve a sorprender y aparece una sección de tiempos dispares y jugueteos imposibles que desemboca en un ejercicio virtuoso y explosivo, para después calmar las aguas y mostrar a un Casey melancólico y reflexivo mientras una base de guitarra acústica armoniza el puente. Y cuando creíamos que la cosa estaba por terminar, aparece otro solo maquiavélico de teclado del gran Neal, que recuerda a los momentos enfermizos de Jordan Rudess. Y ahora sí, final extasiado y rimbombante para 7 minutos que nos pasaron por arriba como una aplanadora. Y si, queremos más.

Cadence tiene un comienzo tranquilo que recuerda mucho a Everything Changes del álbum debut. En plan de Prog-Rock setentero y de fanfarria sinfónica y grandilocuente, nos encontramos con una balada exquisita y de hermosos arreglos vocales, con un estribillo sentido y auténtico, se puede notar la pasión en la angelical voz de Casey. En el último tercio, y tras lo que parecía un volantazo que amaga con cambiar el estilo, aparece un pequeño solo de Steve Morse y la repetición del estribillo en plan épico y de cierre con múltiples voces adornando un coro de ángeles. La canción cierra con un solo de guitarra que parece improvisado y se extiende hasta el horizonte.

Así como el álbum debut hizo lo propio con Blue Ocean, el arranque de Guardian parece salido de un ensayo, con risas e improvisación mediante. Todo desemboca en una contagiosa línea de bajo con Steve LaRue mostrando ser el maestro en su instrumento. La canción agarra velocidad y se transforma en un agradable himno de Pop/Rock con esa accesibilidad que caracteriza a Flying Colors, pero enfocándose también en mostrar el talento musical que ya es marca registrada de la casa. La inconfundible guitarra de Steve Morse nos regala solos que parecen hacer llorar al instrumento, cada nota es una lágrima que acerca al oyente al sentimiento que transmite. Y para los últimos tres minutos, un build-up a base de bajo y batería que muestra a LaRue y Portnoy inspiradísimos termina desembocando en ese estribillo tan contagioso y transmisor de positivismo.

La primer épica del álbum viene de la mano de The Last Train Home, una de las canciones más sentidas y melancólicas, que ya desde comienzo lleva a fuego el sello Morse/Portnoy y sabemos que estamos entrando en un viaje lleno de colinas y valles. Casey suena íntimo, cálido y se consagra como una de las mejores voces actuales del Pop/Rock. Con un comienzo lento y grandioso, el tema va mutando en estructura y clima y presenta una sección instrumental intermedia con un repiqueteo de batería Prog increíble y una cabalgata digna de un buen himno Power Metal que dura segundos pero que se siente potente y certera. Sobre la mitad el micrófono cede protagonismo al gran Neal Morse y nos encontramos con un típico puente morseniano, su impronta se siente en cada estrofa, riff e interpretación: el maestro nos regala su momento de brillo y caemos rendidos. Un jugueteo de guitarra acústica que parece un jam viene acompañado de Neal tarareando los riffs y la banda disfruta cada momento de la ¿improvisación? Cuando Casey retorna para el explosivo final, la canción vuelve a mutar y se torna en plan Folk Irlandés llenándonos de regocijo y clima fiestero hasta llegar al reprise de la melodía original en forma de cierre épico. Otro de los enormes viajes introspectivos y musicalmente brillantes como solo pueden darnos los más grandes.

Con Geronimo la cosa vuelve a ponerse experimental y nos encontramos con una espectacular incursión musical en plan Funky groovero, comandado por una increíble línea de bajo de Steve LaRue donde se lo nota distendido y gozado. La canción también posee uno de los estribillos más gancheros del álbum que nos encuentra coreando y saltando cada “Wooo Wooo” calculadamente insertado para hacernos participar de la fiesta. Un tema bien diferente, arriesgado, radial y brillantemente compuesto que nos deja cuestionando hasta donde pueden llegar estos genios.

Llegamos al momento melancólico y a la obligatoria power-ballad del álbum: You Are Not Alone fue el segundo single liberado y presenta a la banda abriendo su corazón y dejando salir todos los sentimientos representando uno de los momentos más emocionales del álbum, así como lo fueron anteriormente Better Than Walking Away en Flying Colors y The Fury of My Love en Second Nature. Casey sigue brillando y demuestra ser un vocalista consagrado lejos de la promesa que una vez fue. El estribillo peca de repetitivo pero se queda pegado en tu subconsciente y te acompaña a todos lados. Una hermosa canción para sobrellevar los peores momentos.

Acercándonos al final, aparece otro capricho: Love Letter. Una declaración de principios donde todos los músicos son fans del Pop y acá nos entregan una canción de libreto que podría haber pertenecido tranquilamente a la discografía de los Beatles o los Beach Boys. Baterías simples y accesibles, armonías vocales exquisitas, estribillo súper pegadizo con coros por los cuatro costados, y la particularidad de que Casey, Neal e incluso Mike tienen sus momentos de protagonismo vocal. Divertida y accesible para todos, puede ser el punto de partida para quienes estén por fuera de los sonidos pesados y complejos. ¿Excesivamente pop? Si, pero con un gusto exquisito por la construcción de melodías.

El plato fuerte suele guardarse para el final en todo álbum de Flying Colors, y Third Degree no es la excepción. Crawl representa a la banda en su pico compositivo e interpretativo, brindando una composición que personalmente elijo como el mejor tema del disco, peleando muy de cerca un lugar como mejor canción de Flying Colors de la historia. En plan épico de cierre, así como lo fueron Infinite Fire en el debut y Cosmic Symphony en Second Nature, Crawl se gana un lugar entre los más grandes a base de sentimiento, virtuosismo y un enorme espectro de matices sonoros.

Con un piano aterciopelado la canción arranca de la manera más cálida posible. Casey brinda una interpretación llena de misticismo y sentimiento mientras vamos descubriendo el estribillo y la estructura. En corte sinfónico los teclados de Neal Morse adornan el despegue con la batería de Mike Portnoy sonando súper contundente. Cuando el estribillo explota en plan rockero descubrimos que va a quedarse atorado en nuestras mentes por mucho tiempo. Sobre los 4 minutos aparece una sección instrumental intermedia que muestra a los músicos inspirados y desatando su furia progresiva. Cada uno tiene su momento de brillo, con especial mención a Steve Morse y Mike Portnoy por protagonizar una cabalgata casi metalera que nos llama a la batalla. Luego la cosa se calma nuevamente y un dulce piano guía la melodía y acá es cuando los sentimientos empiezan a aflorar y comienza a erizarse la piel. Es difícil de explicar pero en este punto la canción se vuelve tan emocional que nos hace desatar la emoción que llevamos dentro. Te pega, ya sea para llorar, para angustiarse, para emocionarse, para vivir, pero te pega. Y por si fuera poco, antes del final aparece el maestro Neal Morse en una sección bien de las suyas, entonando el estribillo en plan etéreo con la calidez que solo él puede lograr. Y después si, la explosión final, la banda a tope, Casey dando todo por la causa. Un monumento de canción y la manera perfecta de cerrar un álbum que se nos pasó volando y que nos entretuvo de la mejor forma por más de una hora.

Third Degree se transforma entonces en una excelente y digna adición al catálogo de Flying Colors. Una breve pero sentida discografía que no conoce flaquezas ni momentos débiles, y esta última incursión muestra a la banda en su pico creativo, inspirados como nunca y entregando un producto de calidad, con una producción impoluta, una gran movida de difusión, interpretaciones exquisitas, pero por sobretodo, canciones. Las canciones son el eje de Flying Colors y en Third Degree las hay de todos los colores y matices, redondeando un álbum divertido, emocional y que muestra a una banda pasándola bien y demostrando tener una química inigualable. En inglés, la expresión “pass with flying colors” (usada en la letra de The Storm) se usa para remarcar el rotundo éxito de un acontecimiento, típicamente una prueba o un examen (lo que en nuestro lunfardo sería como “pasar con sobresaliente”). Nada más acertado para describir lo que nos genera Third Degree, el álbum que catapulta a Flying Colors como el acto definitivo del Pop/Rock Progresivo.

Calificación: 9 / 10

Tracklist

1. The Loss Inside
2. More
3. Cadence
4. Guardian
5. Last Train Home
6. Geronimo
7. You Are Not Alone
8. Love Letter
9. Crawl

Album Review: Alejandro Melgar

Gentileza: Mascot Label Group – Colaboración con Nación Progresiva